Si te pregunto cuál es tu historia, tal vez me respondas «¿cuál de todas?»

Cada persona tiene muchas historias: de su infancia, de sus problemas, de sus dolores, de sus amores, de sus logros, de sus afectos.

Nos han enseñado que nuestra historia, nos da identidad, nos dice lo que somos y lo que no somos. Muchas de las historias que creemos, nos definen. Nos las han contado o nos han enseñado cómo contarlas.

Lo que a muchos NO nos han enseñado, es que la manera de cómo cuentes tus historias, puede hacer cambiar todo en tu vida.

Una de mis historias favoritas, y con la cual durante años me causé mucho daño a mí mismo y a mis cercanos es la siguiente:

«En mi infancia sufrí mucho porque mi papá era alcohólico e irresponsable. Nos abandonó y se fue de la casa, con la mejor amiga de mi mamá»

Es una historia muy dramática a través de la cual, me describía en mi infancia como un pobrecito, como si todo hubiera sido dolor.  Cuando en realidad yo recuerdo, que cuando papá se fue de la casa, yo sentí descanso y alegría, porque pensé que ya no habría más peleas con mi mamá, ni escándalos de borracho cada noche. Además, yo veía a mi mamá más feliz cuando no estaba mi papá.

Sin embargo cuando se él fue, me enseñaron que debía sentirme triste porque mi papá, me había abandonado.  Porque mi papá no me quería. Aprendí también, que debería darme culpa por sentirme contento y descansado, de que mi papá se hubiera ido.

Además me dijeron, que mi papá prefirió otra mujer y otros hijos, y que eso significaba que él no me valoró.

Qué tal si me hubieran enseñado otra manera de ver esa historia.  Que mi papá, tomaba mucho licor, que no sabía ni cuidarse ni quererse así mismo, y que buscó otra mujer porque nos valoraba mucho, y no quería que sufriéramos cuando se emborrachara. Y que mi mamá, estaba muy agradecida con la otra señora quien era tan buena amiga, que cuidó a mi papá y por eso le enviaba a esa señora tan querida y paciente, una tarjeta de navidad todos los años. ¡Qué diferencia hubiera sido si yo me hubiera contado esa historia, en vez de la otra!

Hace unos días, escuché una historia fascinante de una mujer en sus treintas. Se veía hermosa, inteligente, y hablaba con orgullo de su vida, feliz con su pareja y su pequeño hijo. Ella contó con alegría, cómo vivía cuando niña, en una casa bella junto a la playa. Hablaba de cómo ella disfrutaba sus juegos con la gaviotas y las olas, y describió esa época, como una de las más felices de su vida.

Sin embargo contó ella misma, que fue en ese momento de su vida cuando la separaron de su madre, debido a que un juez de familia declaró Abandono de parte de su madre al comprobar que esta joven, de niña, era encerrada en un cajón durante horas y horas fuera de la casa de la playa. La misma casa que ahora como adulta, describía con nostalgia, sin resentimiento con su madre, y sin recordar siquiera los encierros o el abandono.

Algunos hablarán de negación. Sin embargo, creo cada vez más, que el dolor del pasado quede en el pasado, y nada mejor que olvidarlo a menos que decidamos trabajar duro para mantenerlo vivo.

Para mí ahora, lo mejor del pasado, es que ya paso.

Lo mejor o lo peor de una historia, es que se puede contar de mil maneras. La historia poco tiene que ver con la realidad, es sólo una manera de describirla.

Yo pensaba, que por la forma que me contaba la historia de mi infancia, era la verdad y la única verdad.  Y como era una historia de dolor, me enfocaba y exageraba lo difícil, dramatizaba más de la cuenta, y la repetía y la repetía  (en mi mente) diciéndome, que para mí, no era fácil de olvidar o de perdonar (esa es otra historia… «yo no puedo perdonar», y si me digo que no puedo perdonar, pues no perdono), y para probar mi punto, se la contaba a todo el que me quería escuchar. Eso sí, asegurándome de ponerle la emoción correspondiente.

Entonces, esa fue la visión de mi vida, no sólo del pasado. Fue así, que yo mismo marqué mi presente y mi futuro, y cargué a los míos con los dolores y los pesos que yo, no quería soltar.

Lo que en realidad arruina la vida de las personas, no es lo que ocurrió, sino, la manera de cómo cada uno se cuenta su historia.

Muchas personas se arruinan su vida momento por momento, por la manera de cómo se cuentan historias: «mi matrimonio fue un fracaso», «me fue mal en los negocios», «mis hijos no me quieren», «no soy importante para nadie», «sufrí de violencia familiar», «mi pareja me traicionó», «mis papás me abandonaron», «tengo cáncer», etc.  Todas historias que han sido usadas por sus protagonistas, para causarse mucho dolor y sufrimiento durante años.

Lo increíblemente simple, es que esto sólo depende de cómo se cuenta cada uno los hechos.

He visto personas que tienen cáncer, que parece que tuvieran gripa, y personas que tienen gripa que parece que tuvieran cáncer.

Un día alguien me hizo estas cuatro preguntas, acerca de mi historia con mi Papá(*):

¿Es cierto que fui un niño abandonado por mi padre? ¿Es totalmente cierto?
Al responder, me abrí a reconocer que era únicamente mi versión de la historia, y no la verdad absoluta, ya que el describirme como «abandonado», era sólo un pensamiento. Reconocí otros aspectos, en los que las cosas no eran blanco o negro, ni las personas malas o buenas.

¿Cómo reaccionas y cómo te sientes, cuando tienes el pensamiento de que fuiste un niño abandonado por tu padre?

Respondí: Cuando pienso que mi papá no me quiso y me abandonó, me siento inadecuado, que no valgo, que me debo ganar el amor de los otros, y que tengo que sufrir por eso. Que mi vida es difícil y dura, que me alejo y desconfío de los demás, que no valoro lo bueno de mi pasado ni de mi presente.  Además, me asusto con mi futuro, dudo de mi fuerza, y de mi inteligencia.

¿Cómo sería tu vida sin el pensamiento de que: «Mi papá no me quiso y fui un niño abandonado»?
Respondí: Sería más espontáneo y alegre, no me cargaría con ese dolor ni cargaría a los míos. Podría disfrutar más el presente, y estar más abierto a lo bueno de la vida. Creería más en mi capacidad de lograr mis sueños.

¿Puedes tener un pensamiento inverso?
Me dijeron: Que tal si no te abandonó a ti, sino que tu papá se fue. Después de reflexionar, decidí ensayar ese pensamiento, «No fui un niño abandonado, mi papá se fue», y entonces me pidieron tres ejemplos que probaran ese nuevo pensamiento…¡y di cuatro!

El primero: Mi papá se fue, tal vez ni podía manejar su propia vida. Nada me dice que fue en contra mía.

Segundo: Mi mamá, mi abuela, mis hermanos, mis tíos y tías, estuvieron pendientes de mí, siempre amorosos y generosos.

El tercero: Aunque a veces con dificultades, siempre tuve lo que necesitaba y un poco más.

El cuarto ejemplo: Tengo muchos primos que son como mis hermanos, y siempre he contado con ellos.

Al hacer esto, me di cuenta de cómo, de manera tan simple, podía comenzar a cuestionar la forma en cómo me había contado durante tantos años, una de las historias de mi pasado.

Ahora tú dime, ¿cuáles son las historias que te cuentas?

Cuestiónalas, escribe tus respuestas, no dejes que tus pensamientos de dolor te tiranicen. Cualquier pensamiento que te cause sufrimiento, es un pensamiento errado. Tienes una vida por vivir y disfrutar, que vale mucho más que cualquier historia.

Muy amigablemente,

Carlos Devis

PD: Las preguntas y el título de este artículo, son parte del sistema de Byron Katie – www.thework.com. Ella es, sin duda, una de las personas que más ha influenciado mi vida.

 

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