Cómo saber si está creando relaciones balanceadas, y cómo decírselo al otro.

Aunque te cuenten mil veces que es el amor, sólo sabrás lo que es cuando lo vivas. Porque tu corazón te lo dirá con claridad, sin importar lo que tu mente o lo que otros opinen.

Pero también, tienes que escuchar a tu corazón cuando te diga que lo que vives no es amor, aunque tu mente y otros, te repitan que lo es.

Y lo sabrás con claridad, porque sentirás que en ese momento se está rompiendo tu alma, que te estás traicionando. Y no puedes permitir nunca, que en nombre del amor, mueras en vida.

¿Quién no ha visto cometer injusticias y agresiones en nombre de Dios o en nombre del amor?

Cualquiera puede sentirse con derecho de justificar sus palabras o acciones, por destructivas o insensibles que sean con el otro, si dice hacerlo en nombre de Dios o en nombre del Amor.

Cuántas guerras, torturas, juicios o estigmas de personas, se han realizado en nombre de Dios.

Y ni contar las violencias familiares, destrucciones o auto destrucciones, celos y asesinatos, en nombre del amor.

Yo no creo en esas expresiones que definen el amor, como dar todo a cambio de nada. O amar incondicionalmente a pesar de todo, o el amor por encima del bien y del mal.

Para mí, esas son generalizaciones bien intencionadas pero que en la práctica, crean desbalances, injusticias y dolor. Y al aplicarlas, alguien probablemente terminará dando todo y otro recibirá sin dar nada, y quizás, sin valorar lo que le están dando.

Entiendo que el amor tiene que ver con el respeto, con cuidar los intereses y necesidades tanto de sí como del otro, con crecer, con sentir orgullo por sí y por el otro.

No pretendo decir que no hay dificultades, desilusión, sufrimiento, dolor, y dudas en el amor. Pero en una relación saludable, estos sentimientos son transitorios.

Cuando sientas que ese afecto te está haciendo daño, que está siendo destructivo, que no te deja ser feliz, crecer o expresar lo mejor de ti, es porque quizás el verdadero amor ya no está presente.

Ahora bien, si alguien no es sensible a tu dolor, esa persona no merece ni tu amor ni tu dolor.

En los afectos, habrá momentos para dar más o para recibir más, y sólo cada uno podrá decir en cada situación particular, qué es o no es balanceado.

El amor no lo entiendo sin el balance de pensar en dar lo mejor, tanto para el otro como para sí mismo.

Los padres que les dan a sus hijos sin pedirles nada a cambio, terminan creando seres egoístas y tiranos, que esperan que el mundo les de todo sólo por el trabajo de patalear, gritar o exigir, sin agradecer ni valorar el esfuerzo del otro.

Los padres que le sacan todo en cara a los hijos, los tratan como unas cargas y les exigen sin valorar lo que ellos aportan a sus vidas, crían hijos inseguros y débiles que probablemente cuando adultos, busquen relaciones en las que ellos maltraten, o se dejen maltratar.

En las parejas, cuando uno da y soporta todo, y el otro recibe y exige sin pensar en los esfuerzos o necesidades del otro, terminan por lo general reventando por la rabia, traición, enfermedad o alejamiento.

Los maestros que dan todo a sus alumnos sin exigirles a cambio, por lo general pierden el respeto de sus estudiantes al igual que aquellos que no dan nada y sólo exigen.

Creo que para que las relaciones crezcan y funcionen, es importante estar consciente en cada momento, de valorar lo que se recibe del otro. Eso es tan importante como valorar lo que se aporta.

Cuando se da sin valorarse así mismo, por lo general el otro no lo aprecia y termina sintiéndolo más como una obligación del otro, que como un acto generoso.

También, es importante reconocer tanto de las necesidades propias como de las del otro.

¿Cómo se puede cuidar de verdad del otro, si uno no se cuida a sí mismo?

Cada quien en la relación, es responsable de saber cuándo es demasiado, cuándo es momento de plantearle al otro de una manera constructiva, los límites y las necesidades de manera oportuna.

La primera vez, es el otro el responsable de haber causado la herida, de no haber sido sensible con el otro o de romper un acuerdo. A la segunda vez, el responsable es quien acepta, quien aguanta, quien no pone límites o distancias.

Expresarle al otro sus límites y cuidar los del otro de una forma constructiva, es una manera de cuidar la relación, de construir un espacio de respeto y apertura.

Estas son algunas preguntas que te ayudarán a saber si en tu relación, tú estás creando balance. Podrías hacerte estas preguntas y calificarte de 1 a 10 en cada respuesta, o hacérselas a la otra persona:

¿Estás consciente en tus relaciones, de tener en cuenta la necesidad del otro?

¿Estás consciente en tus relaciones de hacerle saber al otro lo que para ti es importante en ese momento y en esa relación?

Cuando el otro hace o dice algo con lo que te sientes mal, ¿se lo expresas de manera respetuosa y oportuna?

¿Valoras en tus pensamientos lo que haces por el otro, o lo haces sintiendo que sólo es tu obligación o tu deber?

¿Haces lo posible de manera constante, para estar valorando y agradeciendo de corazón lo que el otro hace por ti, así sean acciones cotidianas y sencillas?

Cuando rompes un acuerdo en tu relación o haces algo que hiere al otro, ¿estás pendiente de disculparte y corregir tu acción?

Y después de todo no te reproches, porque el amor es una extraordinaria oportunidad de aprendizaje. Felicítate por permitirte amar, porque cada amor es una oportunidad de amar mejor…de vivir mejor.

La vida es amor, ¡ama incondicionalmente la vida!

Muy amigablemente,

Carlos Devis

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